¿QUÉ ES LITFEM?


LitFem —cuyo nombre es un acrónimo formado por las palabras «literatura» y «fémina»— es una revista de crítica literaria que reseña exclusivamente a mujeres. En la historia de la crítica y la literatura (y en todos los ámbitos análogos que se nos ocurran), la presencia de autoras femeninas ha sido obstaculizada, menoscabada y silenciada bajo pretensiones que podríamos atribuir, lato sensu, a un prisma androcéntrico. LitFem tiene por objetivo constituirse como un espacio habitado por esa alteridad; resistimos en la frontera como lugar desde el que posibilitar el reconocimiento y la visibilización de la labor literaria de las mujeres. Como dice la pensadora india Gayatri Spivak, la literatura es el lugar donde se puede recuperar la voz de los sujetos silenciados, donde se hace visible la fractura provocada por la violencia epistémica que ha sido ejercida sobre el sujeto sin voz.

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Reseñamos «libros escritos por mujeres» y no «literatura femenina» —como en ocasiones se la ha denominado—, porque queremos remarcar la pluralidad del término. No existe la mujer como sujeto paradigmático en singular; no es posible encontrar un patrón común en los textos escritos por mujeres, ni puede hablarse de la mujer como sujeto único, sino de las mujeres y sus literaturas. En cualquier caso, y siguiendo a la crítica y escritora Helène Cixous, la escritura femenina no está vinculada al sexo biológico del sujeto que escribe, sino que tiene que ver con la relación que establece frente a la tradición y al goce (entendido este como deseo que implica la transgresión de una ley). La escritura femenina o masculina sería el resultado de las relaciones que el sujeto establece con la sociedad y, por tanto, podría pertenecer tanto a hombres como a mujeres.

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Nuestra misión no consiste únicamente en una labor de visibilización. Ante todo, ejercemos la práctica de la crítica desde el conocimiento de nuestras disciplinas, fundamentalmente literarias, filológicas y culturales. En LitFem entendemos la crítica como un acto subversivo, no nos identificamos con el comentario tibio y la complacencia apocada. Queremos ir más allá. Como decía Roland Barthes, «es menester que el símbolo vaya a buscar al símbolo».