En Cuando te golpeo, la escritora y activista india Meena Kandasamy relata la historia de violencia de género que vivió junto a su marido, un conocido activista maoísta. Kandasamy esperó cinco largos años hasta reunir fuerzas para poder escribirla, consiguiendo un gran impacto en la India y reconocimiento en el Reino Unido, siendo además nominada recientemente en el Premio Baileys.

Tanto en su vida personal como profesional, la escritura tendrá una importancia crucial en la autora, cuya construcción y supervivencia del yo se verán reforzadas cuando su marido la prive de tener comunicación con el mundo exterior. En su encierro, Kandasamy interpreta el papel de esposa, pero en cuanto su marido sale de casa, se obsesiona con su necesidad de escribir. Frente a un ciclo de tareas domésticas que la mantienen sumida en una sensación de atemporalidad, las fechas de entrega producen una interrupción en ese tiempo que había dejado de existir, que se había detenido. Lo que le impulsa a continuar, por tanto, es su «necesidad de continuar una historia» (p. 71). Kandasamy escribirá sobre su libertad: «Escribo cartas a amantes que nunca he visto ni oído, a amantes que no existen, a amantes que me invento en una mañana solitaria. […] Es un placer escribir algo a lo que mi marido no va a tener acceso» (p. 78).

Procesos de subjetivación contemporáneos como la autoficción —que propone la unión entre la autobiografía y la ficción— se extendieron con la modernidad hasta acabar desdibujando los límites ficcionales del texto entre autor y narrador. En Cuanto te golpeo. O retrato de la escritora como joven esposa, la autora podría inscribirse en este marco al utilizar un alter ego para conformar el retrato de su identidad como mujer maltratada. El crítico literario Gérard Genette distingue tres instancias en el texto narrativo: la historia, el conjunto de acontecimientos ocurridos; la narración, la acción verbal que convierte la historia en relato; y el relato mismo, que tras la narración de los hechos, nos permite conocer la historia y la materializa. Si atendemos a la subjetividad que la autora quiere transmitirnos, la historia y el relato aparecen en un segundo plano. Como ella misma nos advierte, «el marido desconfiado y violento es un personaje» (p. 172); es decir, los hechos no son exactamente fieles a la realidad, constituyen un tipo. La subjetividad de la autora se manifiesta a través de la narración, en su misma estructura; ya que, como advierte Kandasamy, aunque es el escritor quien debiera controlar la narración, en su relato, sin embargo, la trama permanece bajo el control de su marido. Tal es la sumisión que quiere evocar en el texto, que reconoce dejar de ser escritora incluso cuando escribe, pues paralelamente a su vida, tampoco es capaz de controlar su propia narración. Ambas pertenecen al marido.

Cada uno de los catorce capítulos que componen la obra se inicia con la cita de una mujer célebre, como Wislawa Szymborska, Margaret Atwood, Anne Sexton o Frida Kahlo, entre otras. Voces todas ellas que hablan de violencia, y que suscitan la idea de que cualquiera puede sufrirla, que no hay un perfil de víctima. La propia autora, de origen burgués, feminista e intelectual, se contrapone a la figura pobre y analfabeta que el imaginario colectivo tiene por una mujer que ha sufrido violencia de género. No hay un perfil de víctima, como tampoco puede establecerse uno de maltratador. Aunque el marido sea, de hecho, un reconocido activista de izquierdas, arremete contra la militancia feminista de la esposa: «El problema es tu feminismo, […] que te vuelve individuo, […] que se niega a reconocer que somos pareja, […] que te hace construir una barrera a tu alrededor, […] que siembra en tu mente la semilla de la desconfianza porque no puede verme como otra cosa que un hombre, […] tu feminismo está matando nuestro amor» (p. 103-104). La manipulación a  la que es sometida la autora termina siempre en discusión, en violencia física o verbal; paternalismo, condescendencia, victimismo. Su marido, al igual que ella, también escribirá sobre la relación que comparten. Pero para él, «hay una diferencia entre el odio que alimenta [sus] poemas y la autocrítica que constituye la columna vertebral de los [suyos; los del marido]. La conclusión, por tanto, siempre era la culpa. Y luego el golpe, la amenaza, e incluso la violación.

Los actos del marido no tienen límite desde el momento en que se muestra sin su máscara a la joven esposa. Capítulo a capítulo, la violencia irá escalando hasta llegar a niveles de auténtica vejación y tortura, hasta rozar casi el asesinato. A partir de entonces, será ella quién deba hacerse responsable de apaciguar su ira monstruosa. Porque sabe, o intuye, que «el uso de la fuerza siempre implica la inminente amenaza de una fuerza mayor. El temor que él desea inculcar[l]e no se limita al maltrato en sí, sino al miedo de que aquello nunca acabe. O peor aún: que sí lo haga» (p. 132).

A veces es necesario tocar fondo para darnos cuenta de lo que ocurre en nuestras vidas. La normalización de los patrones de violencia termina por crear un nuevo esquema, una nueva jerarquía de valores y, por tanto, una legitimización de las relaciones de poder. Llegar hasta este punto supone un gran peligro, y no siempre nos asegura que la víctima pueda salir del círculo del maltrato. Para entonces, hacer valer nuestros derechos no remite a una mera cuestión de respeto y equidad dentro de una relación, sino que se convierte en un modo de supervivencia.

Con su relato, Meena Kandasamy intenta apelar a una justicia que, sin embargo, no se puso de su lado, que no convirtió sus denuncias en condena. Lo último que la protagonista sabrá de su marido será que, expulsado de la universidad debido a los rumores sobre los malos tratos, se cambió de país donde, gracias a su militancia, se cubrió con el velo del anonimato, cambiando de nombre para poder esconderse. Cuando te golpeo rompe con el silencio de su autora y de muchas otras, trasciende el lugar de víctima que le ha sido impuesto y se muestra sin vergüenza; lucha por ello porque la única deshonra que existe es la de un sistema que oprime a la mujer, que la cosifica y la silencia. Pero su voz no será acallada. Ni la suya, ni la nuestra.

Meena Kandasamy, Cuando te golpeo. O retrato de la escritora como joven esposa, Malpaso, Barcelona, 2018, 240 pp.

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