Cristina Fernández Cubas, escritora y periodista española, está considerada una de las mejores relatistas del panorama literario actual. En La habitación de Nona, la autora ahondará en sentimientos y perspectivas de la infancia y de su propia madurez, haciendo alusión a recuerdos y visiones del pasado. Estos relatos nacen de los sentimientos familiares, de los sentimientos nacidos dentro de una habitación, en las calles de Madrid o frente a un curioso cuadro. Si agrupamos el primero, el cuarto y el sexto relato obtenemos un pequeño grupo que tiene en común su particular forma de describir el miedo y las angustias de los personajes que, ya desde la infancia, no estarán libres de presencias y experiencias peculiares. El primero de estos cuentos, que da nombre al libro, sitúa al lector en un ambiente íntimo. Es aquí donde se produce el nacimiento de Nona, seguido de la frase de la protagonista: «Mi hermana es especial». A partir de ese nacimiento, Cristina Fernández Cubas asienta las bases para su obra. La protagonista de este relato explicará y dará ciertos detalles acerca de Nona. Pronto veremos cómo queda ensombrecida por la presencia y la potencia que su hermana despliega dentro del ámbito familiar. Nona, encerrada en su habitación, excepto cuando asiste a las clases para niños especiales, pronto reclama y se apropia del espacio de su hermana mayor. Todo en el relato sugiere que nuestra protagonista acabará teniendo celos de Nona, que se comunica de una forma distante y hostil con ella. En una ocasión, nuestra protagonista rehúye ir al colegio para investigar la habitación de su hermana. Será allí, frente a su ordenador y ante un pequeño y horrible secreto (o quizás simplemente, un montaje para avergonzarla) cuando la rabia y la impotencia hacen que sus padres se desesperen. Será entonces cuando se nos den las claves al lector de lo que sucede realmente, de quién es Nona y por qué desconocemos el nombre de su hermana. La presencia del doppelgänger en este primer relato se da de una forma maravillosa, a través de la construcción de una cotidianeidad que rompe por completo nuestras expectativas.

El segundo relato, que también pertenece a la infancia, es «El final de Barbro», que actualiza el arquetipo del mal en la figura de una recién llegada madrastra norteña a una familia del sur. Partiendo de las situaciones de este segundo matrimonio, las tres hermanas protagonistas de este relato verán de forma simultánea el crecimiento de su nuevo poder, y cómo la madrastra intenta apartarlas a ellas y a la antigua vida a la que pertenecen. El relato que clausura este pequeño bloque y la obra en sí es «Días entre los Wasi-Wano», un pequeño homenaje a los cuentos infantiles. En este relato veremos a dos hermanos que van a pasar unos días en casa de sus tíos, criticados por el resto de la familia por ser algo bohemios y poco convencionales. Dentro de este mundo tan enriquecedor, el tío inventa la historia de una tribu llamada los Wasi-Wano, para crear un ambiente ficcional que terminan simulando, estudiando y comentando entre todos. Lo fantástico a través de la exploración de la creatividad irrumpe en la vida de la protagonista a través de la recreación de las costumbres de esta tribu.

La segunda tríada de relatos que comparte cierto vínculo actualiza la infancia frente a la perspectiva de la madurez, además de tematizar la autoficción. «Interno con figura» y «La nueva vida» comparten la misma protagonista. El primero de ellos tiene una importancia paratextual en la obra, pues está inspirado en la imagen de la cubierta de la presente edición. Cuando asiste a una exposición sobre el cuadro, la protagonista (que no es otra que Cristina Fernández Cubas), reflexiona sobre el mismo: «Una habitación con solo lo imprescindible. […] Y junto a la cama, arrodillada o en cuclillas, una niña. El cuadro encierra una historia que probablemente nunca desvelaremos. Pero si nos fijamos mejor ya no diremos que la niña está arrodillada o en cuclillas, sino agazapada. O, mejor, escondida. Como si tuviera miedo» (p. 60). Al reflexionar sobre el cuadro, la protagonista descubrirá una conexión fantástica entre este y una niña de un grupo de escolares que contempla la pintura. El relato de Fernández Cubas explica cómo podemos vincular el arte con la realidad que nos rodea y cómo relacionamos nuestra cotidianidad con aquellos intertextos o referencias que tenemos. Se trata de una mise en abyme, un procedimiento narrativo en el que se introduce en una narración otra de carácter similar, a la manera de las «matrioskas». La protagonista es capaz de recrear una historia a través de la historia que la niña ve en el cuadro, alcanzando hasta una segunda diégesis en un juego literario que culminará, precisamente, en la escritura de este cuento.

El segundo relato de este segundo bloque, «La nueva vida», plantea una superposición de dimensiones temporales a través de la distorsión que produce un elemento concreto. La protagonista se encuentra paseando por las calles de Madrid cuando de repente se ve transportada no a otro lugar, sino a otro momento. En este relato, la protagonista-autora no solamente se enfrenta al paso del tiempo y a su juventud, sino a las huellas y las cicatrices que este deja en todos. No es casual que en el momento en que la autora escribía este relato se acabase de producir el fallecimiento de su esposo Carlos Trías, momento cuya tristeza y nostalgia puede verse representado en el mismo.

Finalmente, en «Hablar con viejas», la protagonista, Alicia, está desesperada por no disponer de los recursos económicos suficientes para pagar sus deudas y los gastos de su vivienda, que se encuentra al borde del desahucio. Por esta razón, decide  quedar con un amigo para que le preste dinero, pero no sale bien. En el camino de vuelta a casa, ayuda a una anciana a cruzar la calle, y esta, agradecida, decide invitarla a tomar algo en su casa. Alicia acaba subiendo a casa de esta señora para no poder salir jamás de ella.

Sin dejar de ser fiel a su escritura, Cristina Fernández Cubas sigue ofreciéndonos relatos intrigantes, con muchos caminos que explorar y que dependen del lector y de su enfoque. La autora nos recuerda, a través de la exposición de estos escenarios, que la extrañeza, la amenaza, y el miedo pueden esconderse en lo más trivial de nuestra cotidianeidad, agazapados hasta el momento en que, por ventura o casualidad, decidamos posar nuestra mirada en ellos.

Cristina Fernández Cubas, La Habitación de Nona, Tusquets, Barcelona, 2016, 186 pp.

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